Imperio Incaico
El Imperio Inca o incaico fue el imperio más extenso en la América precolombina El territorio abarcado por el imperio se denominó Tawantinsuyo o Tahuantinsuyo (en quechua: Tawantin suyu, lit. ‘las cuatro grandes regiones o divisiones’) y al período de su dominio se le conoce como incanato. Surgió en la región de los Andes peruanos entre los siglos xv y xvI, como consecuencia del apogeo de la civilización incaica. Abarcó cerca de tres millones de km2 entre el océano Pacífico al oeste y la selva amazónica en el este, desde el Río Ancasmayo (Colombia) al norte hasta el río Maule (Chile).
Los incas consideraban a su rey, el Sapa Inca, como el "hijo del sol". Muchas formas locales de adoración persistieron en el imperio, la mayoría de ellas relacionadas con las sagradas Huacas locales, pero los líderes incas alentaron el culto al sol de Inti - su dios del sol - e impusieron su soberanía por encima de otros cultos como el de Pachamama.
La economía inca ha sido descrita de manera contradictoria por los eruditos: como "feudal, esclavo, socialista. El imperio Inca funcionó en gran parte sin dinero y sin mercados. En cambio, el intercambio de bienes y servicios se basó en la reciprocidad entre individuos, grupos y gobernantes incas. 'Impuestos' consistía en una obligación laboral de una persona para el Imperio. Los gobernantes incas (que teóricamente poseían todos los medios de producción) correspondieron al otorgar acceso a la tierra y los bienes y proporcionar alimentos y bebidas en las celebraciones de sus súbditos.
A mediados del siglo XV los orígenes del imperio se remontan a la
victoria de las multietnias, lideradas por Pachacútec frente
a la confederación chanca en Yawarpampa 1438.
Luego de la victoria, el curacazgo incaico fue reorganizado por Pachacútec, con
quien el Imperio incaico inició una etapa de continua expansión, que prosiguió
con su hermano Cápac Yupanqui, luego por parte del décimo inca Túpac Yupanqui, y finalmente del undécimo inca Huayna Cápac, quien consolidó los territorios. En esta etapa
la civilización incaica logró
la máxima expansión de su cultura, tecnología y ciencia, desarrollando los
conocimientos propios y los de la región andina, así como asimilando los de
otros estados conquistados.
Luego de este periodo de apogeo el imperio
entró en declive por diversos problemas, siendo el principal la confrontación
por el trono entre los hijos de Huayna Cápac: los hermanos Huáscar y Atahualpa, que derivó incluso en una guerra civil. Entre
los incas la viruela acabó con el monarca Huayna Capac, provocó la guerra civil previa a la aparición
hispana y causó un desastre demográfico en el Tahuantinsuyo. Finalmente
Atahualpa vencería en 1532. Sin embargo su ascenso al poder coincidió
con el arribo de las tropas españolas al mando de Francisco Pizarro, que capturaron al inca y
luego lo ejecutaron. Con la muerte de Atahualpa en 1533 culminó
el Imperio incaico. Sin embargo, varios incas rebeldes, conocidos como los «Incas de Vilcabamba», se
rebelaron contra los españoles hasta 1572,
cuando fue capturado y decapitado el último de ellos: Túpac Amaru I.
Los incas consideraban a su rey, el Sapa Inca, como el
"hijo del sol". Muchas formas locales de adoración persistieron en el
imperio, la mayoría de ellas relacionadas con las sagradas Huacas locales, pero
los líderes incas alentaron el culto al sol de Inti - su dios del sol - e
impusieron su soberanía por encima de otros cultos como el de Pachamama.
La leyenda de Manco Cápac y Mama Ocllo
Leyenda recopilada
por el cronista Inca Garcilaso de la Vega en
su obra "Los comentarios reales de los incas". En esta se
narra la aventura de una pareja, Manco Cápac y Mama Ocllo, quienes enviados por el dios Sol salieron de
las profundidades del lago Titicaca (pacarina: lugar
de origen sagrado) y marcharon con dirección al norte. Llevaban una vara de
oro, entregada por el dios Sol; el mensaje era
claro: en el lugar donde se hundiera la vara de oro, allí fundarían una ciudad,
allí se establecerían. Justamente la vara se hundió en el cerro Guanacaure, en el valle de Acamama;
por lo tanto, la pareja decidió permanecer ahí y a los habitantes de aquellas
zonas les informaron que fueron enviados por el dios Inti; y luego
procedieron a enseñarles el cultivo de la tierra y el tejido. De ese modo se
iniciaría la civilización incaica.
La otra
explicación no legendaria, sino histórica, y por tanto más acorde con la
realidad, fue propuesta por Valdemar Espinoza, quien
argumentaba de la siguiente manera: "en las postrimerías de la mencionada
centuria (siglo XII), el estado de habla puquina, denominado más
comúnmente Tiahuanaco, fue asaltado e
invadido por inmensas oleadas humanas procedentes del sur (de Tucumán, Coquimbo) en forma tan repentina e impetuosa que no le dejaron
tiempo para armar resistencia. Tales invasores, a todas luces, no eran otros
que los aymaras." Esta versión nos deja claro que los fundadores
de la sociedad incaica procedían del sur y huyeron de la arremetida aymara.
Casi en su
totalidad, la élite Hanan taipicalas fueron aniquilados y
los hurin taipicalas, élite sacerdotal, lograron huir y
refugiarse en las islas del lago Titicaca. Luego de allí
avanzaron al valle los pobladores oriundos como los huallas, alcahuisas,
sahuaseras, antasayac, lare, poque, pinaguas y ayamarcas que se
opusieron a su establecimiento; para superar dicho conflicto, la élite puquina
realizó múltiples estrategias, una de ellas fue la alianza matrimonial, para
luego convertirse en una confederación de estados y por último, en un gran
imperio andino.


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